Salimos de Chile por Futaleufú y entramos a Argentina por Trevelin.
De nuevo cosiendo la frontera, pero esta vez sufrimos el tan avisado paro (huelga) de los trabajadores de aduanas y fronteras, en este caso chilenos. Tuvimos que esperar una hora para poder cruzar la frontera… tampoco fue taaaanto.

La zona de Argentina a la que nos dirigíamos prometía igual que la carretera austral chilena de la cual veníamos. Seguíamos en la Patagonia, pero fue cruzar la frontera y nos recibió un sol resplandeciente.

Parece que la primavera por fin se deja notar en esta zona, al sur del continente… Guardamos todo el abrigo al fondo de la mochila y paseamos por Trevelin antes de volver a la ruta para llegar a Esquel, relativamente cerca el uno del otro.

Trevelin (la sílaba tónica es la -ve-) no es muy grande, pero es un pueblo atractivo que junto con Esquel (más grande), comparten el parque nacional de los alerces situado a unos 30 km aprox. Parque con mil senderos, campings y refugios entre lagos, montañas y pinturas rupestres. Pura vida, todo naturaleza.

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Una vez en Esquel, donde teníamos nuestro campamento base transitorio, recorrimos la “ciudad” y notamos ya en el ambiente que corría otra cosa por estos lares patagónicos.
Esquel fue de las primeras ciudades en decirle NO a la mina, y por más que sí se pueda escuchar el discurso a favor de éstas, para nosotros un pueblo sin minas por ganar batalla tras batalla merece todo nuestro respeto.

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Es saber que se puede decir que No, y vivir tranquilo junto con la naturaleza.

Esquel nos atrapó, la gente es hermosa y el lugar y los alrededores son fantásticos. Pero teníamos que irnos y seguir ruta hacia el norte, hacia El Bolsón. No obstante de los 3 días iniciales que íbamos a pasar, terminamos quedándonos el doble. Donde nos hospedaban pasamos lindos días con gente de todas partes diferentes del globo. Hicimos un rico asado con fernet casero y otros brebajes (caseros, obvio) y lo rematamos con una salida a un bar… ¡La primera vez en el viaje que íbamos a un bar!

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Pero por más cómodo que uno se sienta en un lugar, el viaje tiene que seguir, y mejores cosas sucederán, y se llagará al Bolsón