Desde Buenos Aires que  veníamos escuchando comentarios de la índole:

“Los judíos se quieren quedar con la Patagonia”.

Lo cual se suele tomar a modo de broma. Pero lo que nos sorprendió fue que a medida que nos adentrábamos en el cono sur del continente el comentario iba dejando de sonar a chascarrillo.

Hay que matizar: el problema no es con los judíos, el problema es con los israelitas.

Habiendo oído varias veces decir que en el sur no quieren a los israelitas, nos tocó vivirlo. Todo empezó cuando por Gob. Gregores (Argentina), haciendo dedo, paró un vehículo y el chofer se dirigió a Juan y le preguntó que de dónde era. No terminó de decir que era de Buenos Aires cuando lo interrumpió invitándonos a subir. Horas más tarde, ya en confianza nos dijo que él a israelitas no los llevaba, y teniendo Juan la clásica cara hebrea (faz alargada, nariz grande y tez blanca) había dudado. Lo que parecía un hecho aislado se tornó en habitual al cruzar a Chile.

A partir de ahí cada vez que charlábamos con alguien inevitablemente salía el tema de los israelitas y el rechazo hacia ellos. En resumen se dice de los israelíes que roban lo que pueden (toallas, jabones, mercadería…) que suelen irse sin pagar de los sitios, que tratan de regatear de malos modos (práctica que no se estila en estas pampas), que se meten por la noche en los campings a escondidas, que si alquilan coches los devuelven en pésimas condiciones, que son groseros y sucios…. Ah, y por supuesto, que van a la Patagonia para estudiar los puntos estratégicos y quedárselos.

Patagonia, la tierra prometida.

Todo esto nos causaba asombro y una mezcla entre pena y gracia, hasta que pasamos varios días haciendo dedo sin éxito. Los transeúntes con los que hablábamos nos decían directamente que con la pinta de judío nadie nos iba a levantar, ya que en esa zona nadie confía en los israelíes… y que todos los forasteros podían ser israelitas en potencia. Por eso, entre risas nos dijimos que quizá debíamos hacer un cartel que aclarara la procedencia no israelí de Juan, lo cual fue visto con buenos ojos por nuestros consejeros en las áreas de servicio, aunque nos advirtieron que los israelíes también hacían carteles fingiendo no ser de Israel…

No sabemos si serán ciertas o no las cosas de las que se acusan a los israelíes que van a la Patagonia, pero lo que es seguro es que en esta región del planeta exclaman (algunos): Los israelítas no son bien recibidos.

Pd: Queremos dejar claro que no hacemos apología del antisemitismo, redactamos lo que vivimos de la manera más sincera posible.