Ésta, como muchas historias de viaje, tiene lugar en Guyana, concretamente en los suburbios de Georgetown,  la capital de este curioso país. Digo curioso porque la mitad de la población es hindú-descendiente  y la otra mitad es afro-descendiente. Esto quiere decir que poco y nada tienen que ver con los 626 millones de vecinos latinoamericanos. Salimos con nuestras mochilas dirección Brasil y paró un coche. Lo que sucedió a continuación fue fue una de las historias más increíble.

Historias de viajes

Historias de generosidad Anónima

Perdidos en Guyana

Durante nuestra travesía por todos los países de América del Sur, Guyana era uno de los especiales. Siempre había sentido curiosidad por este pequeño país de apenas 800 mil habitantes. Lo qué más curiosidad me daba era eso de que la religión mayoritaria fuera la hinduista. No me defraudó. Esta historia de viaje dice así:

Lo que bien empieza, bien acaba

Apenas habíamos entrado al país, el primer coche que pasó sucumbió a nuestro pulgar. El buen hombre, no contento con regalarnos una cerveza, nos invitó a comer a casa de su anciano padre. La familia nos recibió como grandes visitas y nos fuimos con las barrigas llenas. Llegar y besar el santo, dicen. Y con esa buena bienvenida, la buenadespedida (?) no podía ser menos.

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Iglesia Georgetown

Salir de la ciudad

Algo que siempre decimos es: «Es más fácil llegar a una ciudad que salir de ella». Todos van a la ciudad, pocos salen de ahí. Así pues, salir de la capital de Guyana sería, como con todas las capitales, complicado.

En este caso el plan era ir en bus hasta la terminal, de ahí tomar una minivan hasta un pueblo a 30 km, y de ahí caminar hasta la carretera que nos llevaría al Amazonas brasilero. Todo un reto.

Empieza la aventura

Así fue que nos despedimos de nuestro amigo, nos pusimos las mochilas, y salimos a la calle. Sin exagerar (demasiado) no habríamos caminado ni 5 metros que a nuestro lado para una camioneta. El conductor nos saluda y nos pregunta a dónde vamos. Mientras mi cerebro procesaba la explicación en inglés, el conductor, un poco impaciente nos dice que subamos.

Con Carol nos miramos unos segundos. Después de 8 años de concubinato e incontables aventuras juntos, 2 segundos de mirada pueden equivaler a 5 minutos de charla. En los ojos de Carol las preguntas eran (obvias) ¿Quién es este loco? ¿Es necesario arriesgar? ¿Y si nos quiere robar nuestras mochilas llenas de ropa sucia? Mis ojos solo decían qué todo saldría bien. Nos subimos a la camioneta y él arrancó.

¿A dónde vamos?

Después de unos 10 minutos de trayecto paró de súbito. Bajó y nos confirmó que íbamos a Brasil y el itinerario que teníamos que seguir (el tipo lo entendió todo de una). Se disculpó por no poder llevarnos hasta la estación él mismo. Nos explicó que él era hindú y que sus creencias decían que ayudar a los viajeros les ayuda en la vida (temas del kharma).

Antes de que pudiéramos responder, nuestro amigo salió corriendo y paró un taxi. Discutió algo que entendimos que era el destino y el precio, le pagó y se acercó a nosotros.

Yapa

El tipo nos había levantado sin que se lo pidiéramos. Nos acercó hasta la estación. Como no le daba el tiempo nos pagó un taxi. No contento con eso nos dio 20 dólares. Nosotros nos rehusamos pero él insistió impaciente. Nos volvió a decir que él era feliz ayudando y que si nosotros no aceptábamos su ayuda no lo dejábamos ser feliz.

Agarramos el dinero y él enfiló para el coche. Le preguntamos su nombre antes de que se fuera y él, sin dejar de caminar, nos miró, sonrió y se subió al vehículo.

Historias de viajes Guayana por viajando por un sueño

Conclusión

Nosotros tenemos ciertas normas que intentamos no romper por nuestra seguridad en nuestros viajes:

  • No llegar después de las 22 hs. a destinos que no conocemos.
  • Si uno de los dos tiene dudas, abortar la misión.
  • No subirnos a coche que no hemos parado.

Esta vez rompimos algunas de nuestras normas (No fue la primera vez. No será la última). Nos arriesgamos, salió bien pero…

 

Quizás estas historias no tenga una conclusión en especial. Quizás una simple reflexión consciente para que nuestro subconsciente juzgue entre almohadas oníricas cuando soñamos con viajar.

Y como digo siempre, salud y suerte!

 

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Historias de viajes: Generosidad Anónima

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