Viajando por un Sueño

Nuestro paso por el Parque Tayrona

Llevábamos algunos días descubriendo Taganga, hablamos con el hostel para dejar las mochilas. Sabíamos que no sería buena idea ir con todas las mochilas al Parque Tayrona.

Una amiga que nos habíamos encontrado recientemente, nos había hablado de las diferentes entradas del Parque Tayrona, de las diferencias que te las explicamos en el artículo Las diferentes entradas del Tayrona, dónde dormir o comer y qué llevar..

También sabíamos que los precios iban a suponer un golpe en nuestro presupuesto… Pero lo que descubrimos fue que… Yo, como ecuatoriana pagaba como colombiana 😀 la felicidad de esa noticia nos hizo cambiar algunos planes…

Si quieres tener toda la información sobre cómo llegar, cuánto vale la entrada y qué ver en el Tayrona no deberías perderte este artículo Tayrona cómo llegar, precios y qué hacer.

Nuestra experiencia por el Parque

Día previo

El día antes de irnos al Tayrona pasamos por Santa Marta, y en el supermercado del centro decidimos comprar víveres. Estos víveres se basarían en enlatados, agua y nos dimos un pequeño gusto y compramos un pote de nutela ¡¡¡oh, si!!! No sabes lo bien que nos funcionó lo de la nutela… Fue un gasto, sí, pero sabíamos que comer en el parque iba a ser mucho más costoso.

Nosotros no llevamos cocina a gas, no tenemos platos ni cubiertos, pero siempre se consigue algo. Conseguimos una cuchara, de alguien del hostel que había volado y la había tomado prestada de la aerolínea de su vuelo. Nos la regaló. Ya lo teníamos todo.

Día 1

Ese día nos despertamos temprano. Decidimos ir entre semana pensando que el fin de semana se llenaría de más gente… Luego descubriríamos que en el parque, los días que menos gente llega suelen ser los fines de semana, al menos para dormir. La gente los fines de semana hacen pasa días, vamos, que van y vuelven el mismo día.

A las 7:30 am nos pasaron a buscar por el hostel y nos llevaron hasta la entrada del Zaino. Ahí compramos la entrada después de pasar por una rigurosa revisión de mochilas (a una no lo revisan pero a las mochilas sí), nos alegramos por mi descuento de ecuatoriana y esperamos a la furgoneta que nos traía porque nos llevaría hasta el parqueadero de Cañaveral. Con eso nos ahorraríamos una hora de caminata por una vía pavimentada. Bien.

En el parque

Llegamos al parqueadero y ahí mismo empezamos el sendero hacia Arrecife o Cabo San Juan. Depende de tu ritmo, pero nosotros lo hicimos en poco más de una hora. Sería la emoción, pero no nos cansamos mucho. El camino no es complicado, pero a esa hora había bastante gente…

Películas Carol, diría Juan, pero me obsesioné en ir rápido. Pensé que era como el Camino de Santiago al final del camino. Es decir, que cuanto antes llegaras a la zona de hospedaje más fácil sería encontrar algo económico.

El recorrido es hermoso, pese a mis ansias por encontrar donde dormir, fuimos parando y tomando fotos. A medio camino había una familia originaria vendiendo cocos y plátanos. Les compramos un par de plátanos, como para recuperar.

Arrecife

Llegamos a Arrecife, preguntamos por el hospedaje más económico y de una nos mandaron a lo de Bermudez. Hablamos con el primo… nos hizo un «precio especial» por alquilarnos la carpa, 20.000 cada uno por noche. Lástima que habíamos dejado la carpa en Quito, sino con nuestra carpa nos habría salido por 10.000 u 8.000 la noche.

 

Dejamos todo y nos fuimos a recorrer las playas. Cerca de lo de Bermudez está Playa la piscina. Dijimos que como estaba cerca la dejaríamos para el final… nos fuimos directos hacia Cabo San Juan, pero por el camino del bosque, uno largo de subidas y bajadas. Eso sí, te cubre del sol a la perfección. En menos de 40 minutos llegamos. Y vimos la postal.



El Cabo San Juan

Ahí decidimos descansar un poco, nos bañamos, jugamos, compramos un sanguche por 6000 cop de jamón y queso que te deja bien y al medio día nos fuimos a recorrer las otras playas. Nos fuimos hasta la playa nudista. Ahí aprovechamos a hacer lo que toca hacer, bañarse en pelota picada. Yo me dormí, y Juan se quemó el culo jajaja.

Eran las 15 h cuando decidimos ir volviendo. Los caminos no están muuuuuy bien señalizados… Así que hay que tener mil ojos. Improvisamos y nos perdimos. Devolvimos nuestros pasos y seguimos por el mismo camino por el que habíamos llegado. Llegamos a la playa piscina y vimos un atardecer espectacular.

La noche

Antes de que el sol dejara de iluminar el camino decidimos volver, ya era tarde. No se veía nada. Menos mal que se me había ocurrido meter una linterna en la mochila. No teníamos ni pu… idea de cómo llegar al camping. Pero preguntando se llega a Roma, ¿no? Pero a quién preguntábamos… Escuchamos voces, eran unos franceses, o eso parecía… Nos pegamos a ellos y esperamos a que ellos supieran volver a nuestro camping o a algún lugar con luz.

Así fue, eran nuestros vecinos. Llegamos con mil sonidos, y escuchando a los monos aulladores que debo reconocer que me asustaron un poquito 😛

Una vez en el camping, sacamos nuestras latas y nuestro pan lactal (de molde) y preparamos nuestros sanguches. Al buen hombre del camping le compramos una coca cola a 4000 cop. Necesitábamos algo de azúcar, obviamente Juan no tanto, pero yo sí 😛

Nos cubrimos de más repelente y nos fuimos a ver las estrellas antes de meternos a dormir. Caímos como dos bebes que duermen sin rechistar toda la noche…

Día 2

Nos despertamos relativamente temprano. La verdad es que, también nos fuimos a dormir temprano, así que no se le puede llamar madrugar a eso… Hoy habíamos decidido ir al Pueblito Chairama… Compramos agua, bastante… y nos fuimos chinu chano como diríamos en Barcelona hacía el Pueblito.

El Pueblito Chairama

Para llegar, saliendo desde Arrecife debes llegar primero a Cabo San Juan. Una vez en Cabo, en la zona de los lavabos del parque está el cartel con la indicación al sendero. ¡Ojo! El nivel del treking al Pueblito no es fácil, para nosotros fue duro, y creemos que es un nivel severo y no para todo el mundo. Hemos visto como parejas lo han intentando y se han dado media vuelta.

El lugar es bonito, el sendero no es fácil. Esas piedras hermosas se convierten en una constante subida, por esas mismas piedras ancestrales que quedaban tan bonitas en tus fotos… Hay que trepar, y el camino no está muy bien señalizado. En 1 hora y 40 minutos llegamos. Descansamos, compramos algo para tomar, sacamos algunas fotos, nos relajamos y bajamos de nuevo.

La bajada se nos hizo más amena. Pero cuando llegamos a Cabo no podíamos ni hablar. Ni meternos al mar… Estábamos muertos. Vale, no somos unos deportistas de nivel, o mínimamente gente que hagamos deporte… En fin, que lo sufrimos.

De ahí nos fuimos a la piscina, nos bañamos, recuperamos fuerzas y decidimos que el día ya había sido muy duro por hoy. Nos tomamos unas cervezas a 5000 cop cada una, de lata, y nos preparamos nuestra cena, y mucho chocolate 😛

Día 3

Dormimos a la perfección, nos despertamos y decidimos que en nuestro último día haríamos día de playa. En realidad solo nos íbamos a quedar una noche en el parque, pero como mi entrada salió más económica aprovechamos para quedarnos dos noches.

La verdad, es que si solo tienes un día lo puedes ver todo, eso sí, acabas rendido, pero con una noche ya puedes hacerlo todo más calmado y bien.

Más noches ya es para hacerlo con calma, y disfrutar los días. Nuestro último día era para eso, playita, snorkel sol y poco más.

Eso fue lo que hicimos antes de arrancar para salir. La camioneta nos esperaría en la entrada a las 17 hs, a las 15:30 arrancábamos.

Llegamos sin problemas, pero esta vez la caminata la sufrimos más…

Así nos despedíamos de Sudamérica, a lo grande, con la mejor guinda que podíamos tener, el Parque Tayrona.

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