Patagonia Andina: La Tierra que Susurra Vientos.

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Patagonia andina o Andes patagónicos. Se trata de una región sin igual en el planeta. Es ni más ni menos que la fusión de dos colosos de nivel mundial. La cordillera de los Andes es la cadena montañosa más extensa del mundo atravesando unos 7.200 km del continente. La Patagonia es una región inmensa y hostigada por un clima adverso y severo, con largos y duros inviernos y vientos asoladores que soplan más de lo que cesan. Al sur, bien al sur y encarando hacia la izquierda se unen estas dos figuras de fuerte personalidad dando un resultado maravillador que conmueve a todo aquel que se decide a explorarlo y se deja invadir por la energía de la naturaleza
 

En Ushuaia es donde todo termina, o donde todo empieza (según como se quiera ver) y allí empezamos. La ciudad del Fin de mundo la llaman simplemente por su proximidad a la nada. Ciudad de clima triste (muchas nubes, mucho viento y poco sol) ha sabido ganarle la batalla al mal tiempo y ha puesto buena cara. Con un gran aumento de población joven, el centro combina la clásica arquitectura euronórdica con murales más nacionales y hasta nativos. En la tierra de los Yaganes se puede visitar la Bahía Lapataia, el glaciar Martial, el canal Beagle (o canal Onashaga) y sus islas, incluso los pasos elevados como el Garibaldi, desde donde se pueden ver los lagos Escondido y Fagnano, entre otros. Antes de llegar a Punta Arenas, Tolhuin es un buen lugar para descansar y deleitarse un rato. Mientras que a Punta Arenas se va más por sus centros comerciales que por sus paisajes, es punto de partida para llegar a Puerto Natales. Ni lo caro de sus excursiones ni el excedido precio de sus parques naturales le restan encanto a la pequeña ciudad. Fotogénica ella y sus alrededores, las Torres del Paine son sin duda la joya de la corona. Se trata de un pequeño macizo de unos 2.600 metros de altura donde sobresalen 3 picos graníticos moldeados por la erosión.

La única opción de seguir por chile dirección al norte es en barco (y avión). Para seguir por tierra hay que cruzar alguna de las fronteras con Argentina y salir por ejemplo a Rio Turbio. Ciudad minera, carbonera mejor dicho, es el paso natural para quién quiera ver las torres y el glacial Perito Moreno. Llegados a El Calafate y después de haber paseado un poco por la rambla, la visita al gigante de hielo. Hay un antes y un después del Perito Moreno. Haciendo el camino para llegar ya uno se puede deleitar con la frondosidad de los bosques. Mundo de verdes se abren paso entre cascadas y arroyos y los notros copan por momentos de rojo intenso las retinas. Llegar al glaciar es conmovedor. Encontrarse de frente con semejante campo de hielo en constante movimiento pero imperceptible parsimonia impacta en el alma. Cada rugido centra todos los ojos y los corazones de los agolpados turistas que incrédulos fotografían los azules del hielo.
 

Casi 100 km más al norte llegamos a El Chaltén, donde el cerro del mismo nombre también conocido como Fitz Roy, es el indiscutido emperador. Conocido como la capital de los trekkings no defrauda a quién va a caminar entre sus senderos. Tierra sagrada para los antiguos tewelches, hasta aquí venían a morir en paz los sabios chamanes de la zona cuando ya no se sentían útiles para su grupo. Con vientos bravos que rara vez descansan, El Chaltén está cargado de energía no siempre apta para cualquiera.

Siguiendo por la ruta 40 nos alejamos de la cordillera para adentrarnos brevemente por la estepa patagónica. Árida y llana para por Bajo Caracoles, desde donde se pueden visitar el lago Posadas o la cueva de las Manos,  sitio arqueológico con 9 milenios de antigüedad. A la altura de Los Antiguos (otro lugar de “descanso” para los antiguos pobladores tewelches) se puede cruzar a Chile Chico y de ahí recorrer la sin igual carretera austral.

Esta carretera que conecta regiones remotas de la cordillera patagónica chilena es hermosa de por sí. Podría tranquilamente carecer de un destino concreto que daría mucho placer pasear por ella. No obstante también tiene destinos que resguardan egoístamente para sí paisajes mágicos.
Bien al sur de la carretera nos encontramos con Caleta Tortel. Pueblo construido al pie de una ladera a “orillas” (si es que se la puede llamar orilla) del océano pacífico sobre un fiordo. Pueblo único donde no llegan los coches y la tremenda humedad permite que crezcan toda variedad de flora de la región. Pasando por lagos de diferenciados colores y toda suerte de valles y montañas llegamos a Puerto Tranquilo. Si bien se puede hacer un tour a un glaciar, por el cual se puede caminar, no se llega hasta ahí si no se va  a visitar las Cavernas de mármol, un destino equiparado con muy pocos por la belleza de sus formaciones.

 
Largo es el camino hasta Futaleufú, pero nunca decaen las vistas espectaculares, sea de día o de noche, esté nublado o despejado. SI uno se cansa en el camino hay bastantes termas donde ponerse a punto. Dejamos atrás a un pueblo emprendedor donde a pesar de el aislamiento geográfico a sabido convivir con el foráneo y ofreciéndose en ayuda, y pasamos a Trevelin, pueblo orgullosamente galés donde el carácter cambia como el entorno. Trevelin es la frontera sur con el jardín patagónico que va hasta el norte a San Martin de los Andes.
 
Es El Bolsón quién centra la atención. Trevelin y Esquel no dejan de ser lindos lugares para recorrer, pero son poca cosa comparado con la capital hippie. Sobre el paralelo que divide Chubut y Rio Negro se encuentra el Bolsón. Con un microclima muy benévolo es el destino de miles de filoartesanía y artesanos que conviven entre montañas ríos y bosques encantados. La ciudad en sí solo tiene una feria artesana (¿qué tipo de feria iba a ser sino?) y algún parquecito…  Son sus alrededores lo que hacen que se un lugar especial.
 
A menos de 200 km llegamos a San Carlos de Bariloche que se ha convertido en una ciudad grande, muy grande. Donde la cerveza artesanal se impuso sobre el chocolate tradicional, una ciudad donde cerca del centro se estudia en alemán y por las periferias se oculta el mapuzungun. Donde lo tradicional está en manos de los gringos. Pero donde el Lago Nahuel Huapi domina a todo aquel incauto que se acerque. Quién se deje fluir por la inmensidad del gélido líquido podrá ir desde Colonia Suiza, pasando por Dina Huapi, hasta Villa La Angostura. Aquí las retamas separan lo público de lo privado. Los Lagos se unen por pequeños canales o se separan por diminutos ismos.
 

Y desde Villa La Angostura se parte hasta San Martín de los Andes con un último regalo. Los siete lagos reposan tranquilos en la serpenteante ruta que te acerca a ellos con una sutileza tal que parece una suave caricia. Siete lagos en menos de 100 km te esperan para que los recorras a pie, bicicleta o coche, preparados para que acampes a su vera y te fusiones con ellos.

La aventura termina en San Martín de los Andes. Descansando al pie del lago Lacar esta pequeña ciudad te sorprende con fáciles y bellas caminatas desde donde quedarse absorto con las vistas al lago. Se pueden hacer varias caminatas que combinan lo sano con lo ecológico. Aquí termina la Patagonia y nos empezaríamos a alejar de los Andes, aquí termina un Reino de Montañas y Bosques, de Mitos y Leyendas, de Nuevo mundo y Viejo mundo. Un reino sagrado donde la Naturaleza observa a para visitante.

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