Viajando por un Sueño

Mi primer viaje de mochilero

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Mi hermano mayor siempre me decía que nadie nace sabiendo y mi viejo que la repetición de una cosa termina haciéndote un experto. Había hecho un viaje con 3 amigos en bus a los San Fermines y habíamos dormido en plazas y cajeros. Pero esta historia sería diferente. Sería mi primer viaje de mochilero.

MI PRIMER VIAJE DE MOCHILERO

La historia de mi primer viaje fue más o menos así: Unas semanas atrás había intentado ir a dedo hasta París con dos amigos. Después del fracaso rotundo de nuestra aventura y de las risas (comprensibles) de mis amigos y no tan amigos, tuve un arrebato. Vi un vuelo barato a Bruselas y lo compré. Serían 5 días en una ciudad totalmente desconocida, con poco encanto y en soledad. 1 minuto más tarde ya me había arrepentido.

Faltando unos 3 días para ir a Bélgica me fui a tomar algo. Allí me encontré con mi buen amigo Jonás (quién nos había rescatado en el intento fallido a París). Le comenté si estaba interesado en ir a Bruselas, pues yo tenía el vuelo comprado pero no tenía ganas de ir. A lo que me respondió: «Mejor te acompaño». Yo no lo podía creer. Fuimos a su casa y por un módico precio compró el pasaje en el mismo vuelo que yo. Genial.

SE ARMA EL GRUPO

El otro problema era el presupuesto, pues yo no disponía de casi nada para el viaje. Llamé a mi buen amigo Narcís para pedirle que me dejara prestado unos 50 euros, pues él era muy generoso y yo siempre pagué mis deudas. Nos juntamos en la placita del pueblo y me dio la plata prometida. Entonces Jonás le preguntó por qué no venía él también alegando que sería divertido.

Se negó, pero sin una buena excusa. Eso nos hizo fuertes y comenzamos a hacer presión de grupo para que viniera con nosotros. Qué sí, qué no, así estuvimos 4 horas. Entonces le dije que buscáramos 3 personas neutrales y desconocidas a las que le plantearíamos la situación y que nos dijeran que harían ellos (Es obvio, la gente si fuera otro, haría aquello que siendo uno mismo no hace… ¿?)
3 a 0, todos comprarían un pasaje barato y se irían con 2 amigos a Bruselas a pasar los últimos 5 días de vacaciones.

Nos fuimos a casa de Narcís a comprar el pasaje, hacer la mochila y correr al último tren que nos llevaba a Barcelona. Llegamos con lo justo, sobre la bocina, pero llegamos.

Madrugamos, subimos al avión y llegamos a Bruselas.

LLEGAMOS

No fue ni bien llegar a la capital de Bélgica que nos dimos cuenta de 2 cosas:

Después de varias horas paseando por la ciudad nos aburrimos y decidimos hacer algo al respecto. Teníamos una amiga que vivía en Dunkerque, Francia, que se encontraba a unos 25 km de la frontera con Bélgica. Nos subimos a un tren y nos fuimos a De Panne, frontera con Francia. Tratamos de no pagar, pero pasó el revisor y muy amablemente nos cobró.

Llegamos a nuestro destino sobre las 10 de la noche. La ciudad era un pueblo casi fantasma donde aparte de una iglesia fea, no había mucho más que ver. Compramos un vino para tener combustible y nos fuimos caminando desde De Panne, en Bélgica, hasta Dunkerque, en Francia. Así empezaba mi primer viaje de mochilero.

 

FRONTERAS NOCTURNAS

Horas y horas pasamos por una carretera secundaria, nunca supimos cuando pasamos la frontera pues no había aduana ni control fronterizo. Las charlas del comienzo fueron dando paso al silencio y al cansancio. Cada tanto aparecía un cartel de esos que te indican la distancia, teníamos la sensación de no avanzar nada.

A Jonás, que para esa época de su vida estaba gordito, se le estaban irritando las ingles de tanto andar. pasadas 7 horas de caminata el mal humor dominaba la situación. En un momento pasamos por unas viviendas y Jonás pensó en voz alta: «Se imaginan que salga una señora y nos pregunte ‘Chicos, qué hacen’?» y él mismo se respondió enojado: «Estamos hasta la polla de hacernos los guays» que en argentino sería algo así como que estaba hasta las pelotas de hacerse el canchero.

Llegamos al maldito pueblo histórico y caminamos dos horas más porque desde la entrada hasta el centro hay una distancia considerable. No teníamos teléfono francés y todos los teléfonos públicos necesitaban tarjeta, que evidentemente no teníamos.

Llegamos al centro y una señora amablemente nos dejó hacer una llamada a nuestra amiga. Hablamos con ella y nos indicó donde estaba su casa… A la entrada del pueblo… Nada, dimos la vuelta y después de dos horas más llegamos a su casa.

 

CASA AMIGA

Nos saludamos, nos pusimos brevemente al día y dormimos hasta el día siguiente, estábamos reventados.Vimos un museo o algo y un amigo de nuestra amiga se ofreció a llevarnos a Lille, una ciudad grande del norte de Francia, y allí nos fuimos.

La ciudad no tiene nada del otro mundo y decidimos irnos a Amsterdam. Preguntamos por los buses y nos dijeron que el que iba a Amsterdam había salido hacía media hora, el próximo era al otro día. Nos desmotivamos otra vez.

 

VAMOS A AMSTERDAM

Mi propuesta fue ir hasta donde saldrían los buses, así al día siguiente no nos perderíamos. Como no teníamos nada mejor que hacer fuimos. Decidimos fumarnos un cigarro y ver que haríamos. Mientras fumábamos se nos acerca un chico (de origen africano) y nos pregunta algo en francés, entre nosotros nos decimos que seguramente quiere fuego y rápidamente dice: «¿Sois españoles?» AlegrÍa nos dió encontrar alguien que hablara castellano.

Después de una breve conversación le preguntamos si conocía alguna plaza donde pasar la noche, fue a preguntarle a su amigo y cuando volvió nos dijo que él también había perdido el bus que iba a Barcelona, así que esta noche la pasaría trabajando y que si queríamos podíamos dormir en su casa, que él no estaría. Aceptamos, y les dimos las gracias, no lo podíamos creer. Nada mal para el primer viaje de mochilero.

Su casa era una residencia de estudiantes universitarios, era una habitación muy pequeña pero nos servía. Llegamos casi de noche, nos preparó la comida y se fue. Ah! antes nos dejó un montón de DVDs en castellano para que no nos aburriéramos. Un amor!

 

AHORA SÍ: AMSTERDAM…

Al día siguiente nos fuimos para Amsterdam. El camino fue largo porque paraba en todas las ciudades, al menos pudimos conocer más, aunque sin bajar del bus.

Mochilas al hombro y poca experiencia

Aun no sabíamos donde dormir, y sabíamos que la ciudad es sumamente cara. Le pregunté a Jonás si conocía a alguien que conociera a alguien en Países Bajos y cayó en la cuenta que sí. Llamó a su amigo y éste le dio el teléfono de alguien. Llamamos a ese alguien y nos dio el teléfono de otro alguien, qué sí vivía en Amsterdam. Llamamos a ese alguien y no contestó.

Ya estábamos en Amsterdam y nos fuimos al famoso barrio rojo. Preguntamos un par de hospedajes y todos eran híper caros. Nos fuimos a comer una porción de pizza a 3 euros.

 

AMSTERDAM EXPERIENCE

Nos fuimos a un coffe shop y nos pedimos la especialidad de la casa. Salimos atontados y nos agarró miedo. Éramos jóvenes, con mochilas y cara de tontos, o sea, carne de cañón. Probamos llamar por última vez y conseguimos hablar con la persona. Genial!

El problema es que ninguno hablaba muy bien inglés, que digamos. Con la tontería que llevábamos encima, menos. Con Narcís escuchábamos a Jonás al teléfono decir: «Don andestén» todo el tiempo y no podíamos parar de reír. En un momento Jonás grita feliz: «Eu falo portugués!!» y acto seguido dice en castellano que no le entendía, a buenas horas se olvidó su lengua paterna…Después de mucha confusión conseguimos averiguar la dirección y llegar hasta allí.

 

NUESTRO NUEVO HOGAR

Era una señora de unos 75 años. Pelo largo y blanco, mucha paz interior y una casita chiquita pero linda. La doña hablaba un poco de portugués (sin conjugar) porque todos los años se iba a la selva del amazonas a tomar ayahuasca. Una hermosa.

En un momento la señora nos pregunta si queremos fumar su marihuana, nosotros contentos dijimos que sí y ella nos advirtió de que era muy fuerte. Nosotros nos reímos y le dijimos que no se preocupara. Fumamos y no pasaron ni 20 minutos que yo estaba con pánico. Era muy fuerte.

En la tele daban unos dibujitos muy raros en un idioma muy raro. La señora permanecía impávida mirando la nada mientras que Narcís danzaba sin música por la casa y Jonás en un rincón parecía el niño rata. Yo me sentía en una burbuja de irrealidad y me bajó la presión al punto que me desplomé. La señora me trajo un colchón terapéutico, un té y sonriendo dijo: «First time in Amsterdam, is normal» algo así como: «Tu primera vez en Amsterdam, es normal»

Al día siguiente paseamos por la ciudad, muy felices y decidimos comprarle a la señora un regalo… Un queso holandés… un queso holandés que esa misma noche nos comimos los tres sin que ella lo probara… patético.

 

FINAL DE MI PRIMER VIAJE DE MOCHILERO

Al día siguiente la señora nos preparó un pan con mermelada y amablemente nos invitó a que nos fuéramos de su casa. Eran las 2 am y nuestro bus a bruselas no salía hasta las 11 am. Nos lo merecíamos.

Volvimos a Bélgica, nos tomamos una cerveza con el último dinero que nos quedaba y regresamos a Barcelona.

Esa fue mi primer viaje de mochilero, y me encantó.

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